La imagen quedó grabada en la retina de millones de espectadores: Ismaël Koné, mediocampista de la selección canadiense, cayó al césped del BC Place de Vancouver tras una entrada por detrás del catarí Assim Madibo, con una doble fractura de tibia y peroné en la pierna izquierda.

El partido, que Canadá terminaría ganando 6-0 en la segunda jornada del Grupo B del Mundial 2026, quedó en segundo plano mientras el cuerpo médico ingresaba al campo para estabilizar al jugador antes de trasladarlo a un hospital de la ciudad, donde fue operado esa misma noche.

Lo que ocurrió entre esos dos momentos —la lesión en la cancha y el quirófano— resume con precisión la diferencia entre dos formas de anestesia que, aunque persiguen el mismo objetivo (controlar el dolor y permitir una intervención segura), responden a lógicas clínicas completamente distintas.

Primer paso: estabilización y analgesia de emergencia

Lo que los médicos hicieron sobre el césped no fue, técnicamente, “anestesiar” a Koné en el sentido quirúrgico. Fue analgesia e inmovilización de urgencia: controlar el dolor agudo, inmovilizar la extremidad para evitar daños adicionales —como lesiones vasculares o nerviosas asociadas a fragmentos óseos en movimiento— y preparar al paciente para el traslado.

En este tipo de situaciones, el equipo médico de campo suele recurrir a analgésicos potentes de acción rápida, junto con técnicas de inmovilización con férulas o tablillas. El objetivo no es dormir al paciente, sino mantenerlo estable, consciente y con el dolor controlado hasta que pueda ser evaluado en un entorno hospitalario con imágenes diagnósticas (radiografías y, en muchos casos, tomografías) que determinen el alcance real de la fractura.

El pequeño inhalador verde que utilizó Kone tiene una farmacología totalmente diferente a los anestésicos usados en salas de quirófano de cirugía, tiene el mismo concepto, pero con una molécula y un propósito distinto”, acota un especialista en la cuenta de Instagram @anestesialatina.

“Lo que Koné inhaló fue Pentrhox o metoxiflurano, un agente que ya conocíamos del pasado y que se usó como anestésico general en los años 60, pero que volvió con un rol completamente diferente: analgesia de emergencia”, aclaró, “que a concentraciones ultrabajas, entre 0.1 y 0.3%, el Pentrhox actúa como un analgésico potente no opioide”, que, “a diferencia de los anestésicos inhalados tradicionales, el Pentrhox no lleva a un plano anestésico: el paciente queda consciente, cooperador y con alivio rápido del dolor, sin necesidad de una vía venosa (…) con un inicio de acción rápida en menos de seis inhalaciones, para emergencias en campo o para emergencias prehospitalarias”.

Comenta que esto cambia completamente todo. Este uso de analgésicos evidencia la nueva forma de tratar esas lesiones graves en los partidos de futbol. El Pentrhox “es un fármaco que te saca que te saca de la cancha sin dolor, pero también sin desmayarte”.

Cirugía: una anestesia planificada, aunque urgente

Una vez en el hospital, el escenario cambia por completo. Jesse Marsch, seleccionador de Canadá, confirmó que Koné fue intervenido quirúrgicamente la misma noche del partido para reducir y fijar las fracturas de tibia y peroné, probablemente mediante osteosíntesis con placas, tornillos o un clavo intramedular.

Aquí es donde entra en juego la anestesia propiamente quirúrgica, que en traumatología puede plantearse de dos formas principales:

Anestesia general, que induce la pérdida completa de la conciencia mediante una combinación de fármacos intravenosos e inhalados, junto con relajantes musculares y control de la vía aérea.

Anestesia regional o locorregional, que incluye bloqueos espinales, epidurales o de nervios periféricos, y que permite operar la extremidad sin necesidad de que el paciente pierda la conciencia.

En cirugía ortopédica y traumatológica, los anestesiólogos suelen combinar ambas técnicas: aunque durante mucho tiempo se consideró que mantener al paciente consciente mediante bloqueos suponía una ventaja frente a la anestesia general, los estudios comparativos no han mostrado diferencias significativas en mortalidad o complicaciones postoperatorias entre ambas, salvo una mayor incidencia de trombosis venosa profunda tras la anestesia general.

La elección depende de factores como la localización exacta de la fractura, la duración estimada de la cirugía, el estado general del paciente y la preferencia del equipo médico. En fracturas como las del fémur, frecuentes en cirugía traumatológica de urgencia, se recomienda un manejo multidisciplinario entre anestesiólogos, cirujanos y otros especialistas para reducir los riesgos asociados.

Una recuperación que tomará meses

La operación de Koné fue reportada como exitosa por la federación canadiense, aunque su participación en el Mundial 2026 terminó esa misma noche.

El jugador del Sassuolo, de 24 años, permanecerá con la selección como muestra de respaldo al grupo, pero el proceso de rehabilitación de una doble fractura de tibia y peroné suele extenderse varios meses e incluye, además del manejo quirúrgico inicial, control del dolor postoperatorio, prevención de trombosis y un programa progresivo de fisioterapia antes de retomar la actividad física de alto rendimiento.

El catarí Assim Madibo, quien le proporcionó la falta y recibió una tarjeta roja por la dura entreda, se disculpó en persona con Koné después del partido.

Entretanto, Koné publicó en Instagram: “Ni siquiera pueden imaginar lo agradecido que estoy con todos los que se comunicaron conmigo y me tienen en sus oraciones”.

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