En Miami, durante el partido entre Uruguay y Arabia Saudí, los árbitros detuvieron el juego en dos ocasiones para que los jugadores pudieran tomar agua. Una nueva norma de la FIFA obliga a realizar estas pausas de hidratación en los 104 partidos del Mundial, incluso bajo techos cerrados y en ciudades generalmente más frescas como Seattle.

No tan lejos del estadio, trabajadores agrícolas y de construcción seguían bajo ese mismo sol, sin una pausa obligatoria para tomar agua, sin sombra garantizada y, en algunos casos, sin protección legal.

Está bien que existan estas pausas. Los jugadores las necesitan y merecen. Que algunas cadenas de televisión lo están convirtiendo en bloques publicitarios no cambia el argumento a favor: el calor es real, el riesgo es real, y la FIFA decidió que vale la pena detener el juego para proteger a los atletas.

Pero hay una pregunta que no podemos ignorar: si el calor representa un riesgo suficiente para detener un partido de fútbol, ¿por qué ese mismo calor no merece ninguna protección para los trabajadores que pasan ocho, diez, doce horas bajo ese mismo sol?

Esa contradicción no es accidental. Es una decisión política.

En Florida, la ley HB 433, aprobada en 2024 bajo el gobernador republicano Ron DeSantis, prohíbe a los gobiernos locales implementar cualquier medida de protección contra el calor para los trabajadores al aire libre: agua, sombra, primeros auxilios. Todo prohibido. Florida se convirtió así en el segundo estado, después de Texas, donde el gobernador republicano Greg Abbott firmó una ley similar en 2023, en eliminar activamente estas protecciones. El 40% de los trabajadores al aire libre en Florida son latinos. Algunos han muerto por el calor. En varios casos, sus muertes ni siquiera fueron reportadas a las autoridades.

Para los latinos, esta discusión no es teórica ni retórica, ni simplemente un debate más en redes sociales durante el verano. Los latinos somos una parte desproporcionada de la fuerza laboral que trabaja al aire libre: en agricultura, jardinería, construcción, servicios y otros sectores esenciales.

Mientras tanto, la FIFA aplica sus nuevas normas en todos los estadios, sin excepción. Por ejemplo, Climate Central identifica el estadio de Miami como una de las sedes con mayor riesgo de calor extremo durante todo el Mundial. Más de 30 partidos, incluida la final, se disputarán en condiciones de calor y humedad peligrosas. Los árbitros están instruidos para actuar. Los protocolos existen. Los jugadores tienen protección.

Hemos llegado a un punto en el que debatir si las pausas de hidratación son necesarias en el fútbol parece razonable, mientras que garantizar agua y sombra a un trabajador agrícola en julio se considera un exceso regulatorio. Eso dice mucho sobre a quién consideramos digno de protección en este país.

El cambio climático no es un fenómeno futuro. Es la razón por la que la FIFA tuvo que reescribir sus propias reglas. Es la razón por la que Catar trasladó el Mundial al invierno hace cuatro años. Es la razón por la que este verano, en los estadios de Miami, Houston y Kansas City, los árbitros detendrán el juego al minuto 22 de cada tiempo. El calor extremo ya está aquí, ya es más frecuente, ya es más peligroso.

Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y sistemas de vigilancia de salud pública, aproximadamente 70,000 personas en Estados Unidos visitan salas de emergencia cada año por problemas relacionados con el calor.

En 2022, la administración Biden lanzó el primer programa federal de inspecciones proactivas contra el calor laboral, y en julio de 2024 propuso la primera norma federal de protección contra el calor en la historia del país — una regla que hubiera cubierto a 36 millones de trabajadores y exigido agua potable, pausas de descanso y protocolos de emergencia. El secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) para ese entonces, Xavier Becerra, encabezó la comunicación pública del esfuerzo. Trump llegó al poder y el primer día congeló la norma. Para abril de 2026, el programa de inspecciones proactivas expiró sin renovación.

Hoy, Estados Unidos sigue siendo uno de los pocos países desarrollados sin un estándar federal de protección contra el calor — y este verano, con las temperaturas rompiendo récords, los trabajadores latinos siguen sin protección.

Esta no es una discusión abstracta sobre política climática. Es una pregunta muy concreta sobre quién cuenta.

Los trabajadores agrícolas, de construcción y de otras industrias que operan al aire libre merecen lo que la FIFA ya les garantiza a cada jugador en este Mundial: agua, descanso y el derecho a no arriesgar su vida por trabajar bajo el sol.

Si podemos detener un partido de fútbol para proteger a los jugadores, podemos aprobar una norma federal que proteja a los trabajadores.

El Mundial termina en julio. El calor no se va a ningún lado.

(*) Antonieta Cádiz Vargas es la directora ejecutiva de Climate Power En Acción, un proyecto de la organización Climate Power enfocado en movilizar a los latinos en torno a la acción climática y una economía más justa, limpia y saludable. Anteriormente trabajó como corresponsal nacional para La Opinión y fue redactora para Univision, El País y El Mercurio.

Los textos publicados en esta sección son responsabilidad única de los autores, por lo que La Opinión no asume responsabilidad sobre los mismos.



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