Dicen que la mula no era arisca, sino que los golpes la convirtieron así. Esta analogía le queda como anillo al dedo al calvario que viven los aficionados de las plazas de la Liga de Expansión, luego de que los dueños del balón sepultaron el espíritu deportivo al suprimir de forma definitiva el ascenso y descenso en el fútbol de México.

La indignación está a flor de piel, y el trago tan amargo que pasó hace unas horas el Comisionado Presidente de la Federación Mexicana de Fútbol, Mikel Arriola, es la prueba de que el horno no está para bollos.

El directivo, señalado por años de engordar las arcas del máximo circuito con una agresiva administración comercial, recibió una dosis de realidad a miles de pies de altura. Un aficionado lo encaró a mitad de un vuelo comercial y le soltó una verdad sin anestesia: “¡Queremos ascenso y descenso, Micky! ¡No me des el avión, viejo!”. La escena, viralizada de inmediato, desnudó por completo la ruptura de la fanaticada con el manejo de pantalón largo.

La inconformidad arrecia porque, bajo la gestión de Arriola, las fracturas entre los mismos dueños de los clubes se han recrudecido. Nomás hay que ver cómo terminaron agarrados de la greña a la hora de firmar el polémico fondo de inversión extranjero, ese proyecto con el que pretendían venderle el alma de los equipos de la Liga MX al diablo a cambio de billetes verdes.

Al dirigente se le critica priorizar el negocio de escritorio por encima de la competencia en la cancha, dándole un tiro de gracia a la división de plata y dejando en el olvido a las plazas más discretas del balompié nacional.

En medio de este río revuelto, los equipos del circuito inferior se sienten utilizados y engañados. La gota que derramó el vaso fue ver cómo la frustración bajó de las gradas directamente a los pasillos de los aviones, evidenciando el golpe asimilado por aficiones como las de Zacatecas, La Paz, Durango, Tamaulipas, Sinaloa y el Atlético Morelia.

Proyectos enteros que, de buenas a primeras, se quedaron sin el incentivo de competir por la gloria del máximo circuito.

Para colmo, en este melodrama de promesas rotas sobresale el doble discurso. El ejemplo perfecto es la directiva del Atlante. Los Potros se solidarizaron durante años con el gremio de los desamparados en la división de plata, pero el romanticismo se acabó cuando apareció la billetera.

Para este Torneo Apertura 2026, el “Equipo del Pueblo” concretó su regreso a la Primera División tras 12 años de ausencia. Sin embargo, la hazaña no se logró sudando la camiseta, sino mediante la vía verde: comprándole la franquicia a los Cañoneros de Mazatlán por una cifra cercana a los 65 millones de dólares.

Con dinero baila el perro, y el apoyo incondicional del Atlante a la causa de la Expansión desapareció por arte de magia en cuanto aseguraron su lugar en la mesa de los ricos.

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