
No fue fácil, porque de nueva cuenta a Cruz Azul se le aparecieron a la hora buena los fantasmas americanistas que tantos desaguisados les han generado. Sin embargo, la Máquina Celeste logró evitar la cruzazuleada para golpear la casa del América y agenciarse de forma dramática la edición 206 del clásico joven.
Esta fue una victoria conseguida a bayoneta calada por los cementeros, quienes tuvieron que soportar estoicamente las provocaciones previas en las plataformas digitales sobre la pertenencia y las escrituras del Estadio Banorte.
Al final, los pupilos de la Noria cobraron la factura con intereses y le hicieron saber su realidad a las Águilas con un contundente despliegue de fútbol que los llegó a tener con una cómoda ventaja en el terreno de juego, silenciando por completo el orgullo de los azulcremas.
Cuando los cementeros pitaban con total confianza hacia la estación, el panorama lucía inmejorable gracias a las anotaciones de Erik Lira, Agustín Palavecino y Jesús Orozco Chiquete, quienes pusieron a bailar a la zaga enemiga.
El encuentro sufrió una ligera sacudida al minuto 52 cuando el uruguayo Brian Rodríguez se inventó un golazo que colocaba el marcador 3-1, pero la tranquilidad bética pareció regresar al minuto 72 cuando el Toro Gabriel Fernández mandó guardar el esférico para poner un contundente 4-1 que hacía pensar que el resto del trámite sería coser y cantar.
Nadie en las tribunas imaginó que en el último suspiro del compromiso el destino cambiaría de color de forma tan abrupta. Al minuto 90, el colombiano Óscar Perea le metió nervio al asunto al firmar el 4-2 y apenas unos segundos después, una pifia trágica del portero cementero Kevin Mier le abrió la puerta al cafetalero Miguel Borja para colocar las cosas 4-3.
El gol del colombiano desató la locura en el banquillo americanista. Fue en ese preciso instante donde Cruz Azul sudó frío en serio, agrandando el fantasma de la catástrofe tras una clamorosa falla del argentino Nicolás Ibáñez desde el manchón penal, un cobro que pudo haber envuelto con moños la victoria celeste, pero que el arquero Rodolfo Cota terminó atajando con un gran recueste.
En este choque de trenes quedó demostrado que en el clásico joven nada está escrito hasta que el silbante pita el final, obligando a los cruzazulinos a regar lágrimas de sangre por su falta de frialdad para congelar el resultado en los minutos clave.
A pesar del susto mayúsculo y de terminar pidiendo la hora con el rosario en la mano, la Máquina registró su victoria número 62 en esta añeja rivalidad nacida en el año de 1971, dejando el historial histórico con 74 triunfos para los de Coapa y 69 empates en los libros de contabilidad del fútbol mexicano.
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