
La Comisión de Árbitros de la Liga MX tomó el camino más corto para lavarse las manos tras el polémico permiso otorgado al silbante mundialista César Ramos. El alto mando del arbitraje mexicano envió una estricta circular interna a todos sus agremiados con la finalidad de prohibirles de forma definitiva su participación en los torneos amateur del balompié nacional.
Los dirigentes de pantalón largo reaccionaron de forma tardía para tapar el pozo después del niño ahogado, tras el rotundo fracaso que significó su reciente experimento en las canchas de Morelos. La presencia del colegiado internacional en el circuito de aficionados, popularmente conocido como la talacha, terminó de la peor manera posible sobre el terreno de juego.
El compromiso celebrado en el césped del Estadio Agustín Coruco Díaz se le fue por completo de las manos al silbante tres veces mundialista en la recta final del cotejo. Las acciones del denominado juego del millón de pesos concluyeron con un violento connato de bronca que puso en riesgo la integridad física del nazareno sinaloense.
La falta de un operativo de seguridad adecuado en el inmueble impidió garantizar un desarrollo en paz para los futbolistas y el cuerpo arbitral en el certamen. Ante los lamentables desórdenes públicos, la cúpula arbitral decidió implementar un riguroso código de conducta profesional para blindar la imagen institucional del gremio en las plataformas digitales.
El documento oficial enviado a las delegaciones estatales prohibió el manejo de los perfiles digitales personales para tratar asuntos relacionados de forma directa con la profesión. Los silbantes profesionales tendrán prohibido responder a los cuestionamientos de la fanaticada o emitir declaraciones sobre las jugadas de la jornada liguera.
La circular corporativa cuenta con el respaldo y la firma del titular del organismo, Juan Manuel Herrero y el asesor técnico Horacio Elizondo, en las oficinas centrales. Las cuentas digitales de los árbitros profesionales se mantendrán activas en el ciberespacio, pero contarán con severos candados y supervisiones de los directivos.
Los silbantes que infrinjan estas nuevas disposiciones disciplinarias serán acreedores a fuertes sanciones económicas y suspensiones indefinidas dentro del circuito local de la Primera División. Con este drástico plumazo, la Comisión busca recuperar el orden perdido y evitar que sus figuras se expongan a los peligros de las canchas de barrio.
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