
El Tepatitlán FC no sale de una para meterse en otra peor, y es que el vestidor de los Alteños parece un auténtico polvorín. Mientras las sospechas sobre incidentes con apuestas ilegales por parte de varios de sus jugadores siguen encendiendo las alarmas, el equipo jalisciense está envuelto en otro tremendo lío después de que el jugador Julio César Cruz empujó a la silbante Lizzet García Olvera.
Esta lamentable situación fue reprobada de inmediato por la Comisión de Árbitros y todo el gremio arbitral, al considerar este suceso como un hecho inadmisible que atenta directo contra la integridad del fútbol mexicano y de la propia liga, al considerar que no pueden pasar por alto este tipo de hechos que atentan contra la integridad física de los nazarenos.
De acuerdo a los detalles del incidente durante el encuentro contra Cancún correspondiente a la jornada 14, al citado jugador se le cruzaron los cables. Corría el minuto 59 cuando Julio Cruz fue expulsado por desaprobar una decisión estando ya amonestado. Pero lejos de retirarse en paz, el futbolista reprobó la decisión de la jueza central y, además de encararla de forma violenta, la empujó antes de salir del campo.
Esta acción sin duda deberá ser sancionada con severidad por la Comisión Disciplinaria, tal como exigen con firmeza los mandos de los árbitros y todos sus compañeros de profesión, quienes no están dispuestos a dejar pasar este atropello, tomando en cuenta que la seguridad de los silbantes debe ser una prioridad para las autoridades de la Federación Mexicana de Fútbol.
Hasta el momento, el tribunal de penas, como se le conoce a la Disciplinaria, no se ha pronunciado sobre el espinoso tema de Dieter Villalpando y otros jugadores a los que se les responsabiliza por su implicación en la manipulación de resultados para favorecer supuestamente los premios de las apuestas.
Pero ahora se ven inmersos en este nuevo suceso donde Cruz quedó completamente exhibido, lo que podría ser considerado formalmente como una agresión física y le podría acarrear una severa suspensión que va de seis meses a un año fuera de las canchas, aunque todo dependerá del reporte final de la cédula del encuentro o de su ampliación.
Mientras se espera la postura oficial de las autoridades, el gremio arbitral se ha plantado firme en torno a su colega Lizzet Amairany García, condenando los hechos y exigiendo que se llegue hasta las últimas consecuencias. Sobre todo porque cada vez se ha hecho más común que los futbolistas tengan contacto físico con los silbantes cuando no les agradan sus marcaciones.
Mediante un comunicado, establecieron que las acciones de violencia en contra de cualquier integrante del gremio arbitral son inaceptables y contrarias a los valores de respeto, juego limpio e integridad que deben prevalecer en nuestro fútbol, recordando que la labor arbitral debe ejercerse siempre en un entorno seguro y libre de agresiones.
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