La locura de los fanáticos mexicanos se desató por completo la noche del martes en el Sur de California, particularmente en Los Ángeles y otras ciudades de amplia concentración de inmigrantes de este país que celebraron en las calles la victoria del Tricolor sobre Ecuador.
Con fuegos pirotécnicos en la Placita Olvera, el canto del ‘Cielito Lindo’ y la multitud bailando ‘No Rompas Más’ de Caballo Dorado en Plaza de la Cultura y Arte se cerró el telón del histórico pase de México a los octavos de final de la Copa Mundial de Futbol.
“Esta chiva fue mi amuleto de la suerte”, dijo Xóchitl Alicia Cervantes, una de las más entusiastas fanáticas del Tricolor. “Hasta le puse la camiseta de México”.
Congregados en la zona céntrica de la urbe angelina, centenares de hinchas dieron rienda suelta a su euforia, porque México regresó finalmente al quinto partido de un Mundial, donde se enfrentará el domingo a Inglaterra.
Mordiéndose las uñas y casi al borde del colapso por las emociones, Cristina Sandoval también apretujaba a su esposo afroamericano Powell Rashaan, quien poco entendía de fútbol, pero estaba ahí para apoyar a su esposa.
“No tiene otra opción más que apoyarme”, dijo ella, quien tras el 1-0 de Julián Quiñónes se tomó el tiempo para enviarle un emoji de llanto de alegría a su mamá, Naty, nacida en el Estado de México, quien se encontraba en Redondo Beach.

Su amiga, Francis Jacobo, una terapeuta de salud mental, gritaba desaforada la cuarta victoria consecutiva de la selección mexicana en el Mundial.
“¡Yo creo que tendré que darme terapia a mí misma o ir a un psiquiatra!”, mencionó en broma y soltó una sonora carcajada.
Ser mexicano “significa mucho”
Numerosos seguidores de la selección mexicana se apostaron en fila, incluso cinco horas antes del cotejo.
Nayeli Martínez, acompañada de sus hermanas Mellisa y Karla, y su hijo afromexicano, Jayson Camper, de 15 años, no perdieron tiempo cuando se convirtieron en los primeros en acceder al lugar y, sentados en el pasto sintético aprovecharon el tiempo para comer tacos y beber agua fresca de fresa y horchata.
“Soy mexicano significa mucho para mí”, valoró Jayson, residente de Compton, enfundado en su camiseta verde de México. “Me gusta el fútbol, la comida y la música de México; por eso vine a apoyar a mi mamá y a la selección mexicana”.

En el espacio de hospitalidad del gobierno de México durante la Copa del Mundo, preparado para la celebración de la historia compartida por mexicanos y mexicoamericanos, se ofreció una sesión de zumba para los fans, dirigida por miembros de GYMYG, una comunidad global de fitness y entrenadores certificados.
El problema para los jóvenes mexicoamericanos como Noel Velazquez y Abraham Placensia fue que ambos dieron la impresión de tener dos pies izquierdos y caderas rígidas porque les costó trabajo seguir los pasos del ‘Waka Waka’ de la colombiana Shakira o la canción ‘Despacito’ del puertorriqueño Luis Fonsi y su compatriota, el rapero Daddy Yankee.
“Somos mexicanos y no nos rajamos para nada”, dijo Abraham, de 21 años, estudiante de justicia criminal en Cal State Northridge. “Me gustó bailar zumba, pero más me gusta bailar el reguetón”.

China-mexicana celebra en todo lo alto
Debido a que el inicio del encuentro se aplazó por una hora debido a las lluvias intensas en la capital de la República Mexicana, el nerviosismo se apoderó de Ana Leticia Ma, una china-mexicana.
“No manches. No sabía si iba a ganar México”, expresó la mujer, estudiante de geografía en Rio Hondo College. “Pero tenían que hacerlo. México debía ganar a huevo”.
Para entretener a los impacientes fans del Tri, se dispuso música de Shakira y Karol G, del grupo Sonidero
Nacional, el colectivo musical de Monterrey, que fusiona estilos musicales como el hip hop, el reggae y la
electrónica con ritmos tropicales como la cumbia, el vallenato, el ska y el afrobeat.
Tampoco faltó Ginza, de J. Balvin y la guarachera de Cuba, Celia Cruz con ‘La Negra Tiene Tumbao’ o ‘La
Puerta Negra’ de Los Tigres del Norte.
“Los mexicanos somos cabrones. ¡Somos el mero caldo!”, dijo un eufórico Julio Escareño, quien dio rienda suelta a la alegría por el triunfo del Tri.

“Aparte de ser cabrones y luchadores en la vida, nunca decimos no a nada ni a nadie; somos amables y ayudamos a todos, como lo hicieron nuestros paisanos con la selección de Irán”, añadió el fanático chilango, amante también de la lucha libre, quien portaba una máscara de Super Muñeco.
La emoción en Casa de la Cultura y Arte estuvo latente en todo momento. Muchos se sorprendieron con la madurez de los jóvenes del seleccionado mexicano y algunos consagrados.
“Ellos no tienen miedo al éxito. Mire a ese muchachito [Gilberto] Mora. Ahora sí hay jugadores que les queda vestir la camiseta nacional”, expresó la jalisciense Rosa Adame, quien estuvo al lado de su esposo Horacio. “Ya no están solamente los recomendados y portan bien el uniforme. No sale con miedo. Sale a ganar como [Raúl] Jiménez y Julián Quiñones”.






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