
Mientras Europa endurece sus políticas migratorias y miles de personas continúan muriendo o desapareciendo en su intento por cruzar el Mediterráneo o el Atlántico, una consecuencia menos visible de ese fenómeno está transformando al futbol internacional. Las principales selecciones europeas cuentan cada vez con más jugadores nacidos en África o descendientes de migrantes africanos, una realidad que refleja décadas de movilidad humana, vínculos coloniales y cambios demográficos.
Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), 2024 fue el año más mortífero para las personas migrantes desde que comenzaron los registros internacionales, con al menos 8,938 fallecidos o desaparecidos en las rutas migratorias del mundo. Solo en el Mediterráneo, considerado el corredor migratorio más letal del planeta, más de 31,000 personas han perdido la vida o desaparecido desde 2014, mientras que la ruta atlántica hacia las Islas Canarias también registra un aumento constante de víctimas. La Organización Internacional para las Migraciones advierte, además, que las cifras reales podrían ser considerablemente mayores debido a los numerosos naufragios y desapariciones que nunca llegan a documentarse.
A la par de esta crisis humanitaria, Europa vive una transformación demográfica impulsada por décadas de migración africana. Muchos de los hijos y nietos de quienes llegaron como trabajadores, refugiados o solicitantes de asilo hoy representan a países como Francia, Inglaterra, Bélgica, Países Bajos y España en las principales competencias internacionales.
José Luis Gázquez Iglesias, académico del Programa Universitario de Estudios sobre Asia, África y Oceanía (PUEAAO) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que durante el último lustro se ha fortalecido la incorporación de futbolistas nacidos en África y de descendientes de migrantes africanos al balompié europeo, favorecida por procesos de movilidad humana y por legislaciones que facilitaron el acceso a la ciudadanía.
“La composición de algunos equipos como Francia, Inglaterra, Países Bajos, Bélgica y España se ha reforzado con estos deportistas”, afirmó.
Pero el fenómeno no puede entenderse únicamente desde el deporte.
De acuerdo con ACNUR, al cierre de 2025 había 117.3 millones de personas desplazadas por la fuerza en el mundo, de las cuales más de 41 millones eran refugiados. África concentra algunos de los desplazamientos más severos debido a conflictos armados en Sudán, la República Democrática del Congo, el Sahel y el Cuerno de África, además de los efectos del cambio climático y la inseguridad alimentaria.
El investigador de la UNAM recuerda que las relaciones coloniales entre Francia, Reino Unido y diversos países africanos explican buena parte de esta presencia en las selecciones europeas. Sin embargo, el endurecimiento de las políticas migratorias ha modificado los destinos tradicionales y convertido a países como España en uno de los principales receptores de migrantes africanos.
Ese proceso también ha trasladado al futbol las tensiones sociales sobre identidad y migración.
Sin embargo, los episodios de racismo registrados en ligas europeas y competencias internacionales muestran que el éxito deportivo no ha eliminado la discriminación. Organismos como la FIFA y la UEFA han reforzado en los últimos años sus campañas contra el racismo, mientras diversas organizaciones de derechos humanos advierten sobre el crecimiento de discursos xenófobos en Europa.
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