A los Pumas de la UNAM no solo les cayó encima un diluvio del cielo, sino un tormentón de realidad. La noche de este viernes se consumó el ridículo mayúsculo en la Leagues Cup tras morder el polvo 2-0 ante el FC Cincinnati.

Crónica de una muerte anunciada que sella su eliminación prematura y deja al desnudo una verdad incómoda: el interés de los universitarios en este torneo fue un rotundo cero a la izquierda y la noche fue más dramática por la baja de Sebastián Córdova, que tuvo que salir de la cancha en camilla.

Ya saldrán los puristas y los paleros a colgarse del catálogo de pretextos de siempre. Que si las escuadras de la MLS juegan con las cartas marcadas por ser locales, que si la logística para los clubes aztecas es una pesadilla de aeropuertos, retrasos y hamburguesas frías en las salas de espera.

Pero la verdad no peca, pero cómo incomoda: a la escuadra del Pedregal le dio flojera la competencia binacional. Tras el primer cachetadón que les acomodó el Charlotte FC con un humillante 3-0, los felinos prometieron enmendar el camino, pero salieron con la misma apatía.

Esta vez, las vacunas, cortesía de Pavel Bucha y Kenji Mboma Dem, aplicadas justo cuando agonizaba cada tiempo, terminaron por mandarlos a su casa a ver el resto del torneo por televisión.

Los defensores del fracaso culparán al fastidioso protocolo de tormenta eléctrica que retrasó el silbatazo inicial en el TQL Stadium. Pura pirotecnia barata. La realidad es que los de la UNAM llegaron con el agua al cuello y las cuentas por pagar. Al cumplirse los 90 minutos reglamentarios, la tarjeta universitaria quedó congelada, rechazada y sin fondos por una evidente falta de recursos futbolísticos.

Ganas hubo, de eso no hay duda, pero las ideas brillaron por su ausencia. Faltó esa sangre fría, ese colmillo largo y retorcido para doblar a un Cincinnati que tampoco es el Brasil del 70; un rival tozudo, más chambón que talentoso, pero con el hambre suficiente para morder primero. Ahí radicó la pequeña gran diferencia: uno quiso y el otro nomás fue a cumplir el trámite.

Del banquillo tampoco se puede hablar de un boicot. Nadie podrá colgarle milagritos al técnico Esteban Solari de no haber tirado la carne al asador. Quizá la única ceja levantada fue la ausencia desde el arranque del brasileño Juninho, pero en el rectángulo verde estuvo el resto de la artillería con la que encaran el Apertura 2026 de la Liga MX. Cero reclamos de rotaciones absurdas; jugaron los que supuestamente saben.

Lamentablemente para la causa nacional, Cincinnati aplicó la clásica y vieja treta de la MLS: cederle la pelota al cuadro mexicano, dejar que hiciera el gasto físico y esperarlo agazapado en el monte. Cuando el primer tiempo ya pedía la hora, apareció Pavel Bucha para castigar la candidez auriazul y cambiar la historia.

Para el complemento, la banca felina intentó reaccionar moviendo el tablero. Pedro Vite y Álvaro Angulo se fueron a bañar temprano para abrirle paso a la pólvora de Sebastián Córdova y Uriel Antuna. Mucho ruido y pocas nueces; el violín siguió desafinado y el modo de juego no cambió un ápice. Para colmo de males, al perro más flaco se le cargan las pulgas.

Córdova, ese eterno “becado” del fútbol mexicano que aporta poco al juego dinámico, pero que sigue encontrando directivas que le rezan a su supuesta genialidad, terminó saliendo en camilla por una lesión. Con el nivel mostrado, la verdad da exactamente igual si está en la cancha o en la enfermería.

La estocada final llegó al minuto 93. Kenji Mboma Dem mandó guardar el balón para el 2-0 definitivo, apagando la última velita de esperanza y desatando el carnaval local. La fiesta fue redonda para Cincinnati, que de paso le regaló el triunfo número 100 a Pat Noonan en el banquillo.

A Pumas solo le queda el viaje de regreso, pero antes debe visitar la plaza de Columbus Crew antes de pisar suelo mexicano con la maleta llena de dudas y el amargo sabor de haber ido a Estados Unidos a dar pura pena ajena.

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