Cuatro partidos completos. 360 minutos. 21,600 segundos de angustia y pólvora mojada en el desierto. Esa era la pesada losa que cargaba sobre la espalda el delantero mexicano Julián Quiñones. Sin embargo, el fútbol siempre da revanchas y este jueves la “Pantera” devoró la malaria para regalarle una sonrisa al Al-Qadisiya en la Saudi Pro League.

Con un contundente zarpazo, el ariete azteca dejó atrás las dudas y volvió a gritar un gol que calma las aguas con su exigente afición. La anotación no solo significó su segundo festejo de la campaña, sino el regreso a la vida del hombre que la temporada pasada maravilló a Medio Oriente al adjudicarse la bota de oro del certamen.

El testarazo que liquidó las acciones
Corría el minuto 58 del encuentro cuando el cuadro del mexicano ya manejaba los hilos del partido con una ventaja mínima de 1-0. Buscando el gol que matara las esperanzas rivales, el Al-Qadisiya tejió una jugada eléctrica por el sector izquierdo. El lateral Mohamed Abu Alshamat pisó el acelerador, llegó a la línea de cal y sacó un centro preciso con destino al área.

Fue ahí donde apareció la picardía de Quiñones. Con un movimiento de crack, el atacante le ganó la posición a la zaga del Al Draih, anticipó a primer poste y conectó un sólido testarazo cruzado. El frentazo llevó tanta colocación y potencia que dejó estático al arquero rival, sentenciando el 2-0 de la tranquilidad.

Las cuentas claras con la grada
Para Julián, el reencuentro con las redes funcionó como un auténtico tanque de oxígeno. El exjugador del América había iniciado la competencia con el pie derecho al hacerse presente en el marcador durante la Jornada 1 el pasado 13 de agosto, pero después la brújula se le perdió por completo en las siguientes cuatro fechas.

La sequía no pasó desapercibida en territorio árabe. A través de las redes sociales, varios seguidores del Al-Qadisiya le habían reclamado fuertemente la falta de contundencia en los últimos compromisos y lejos de engancharse en discusiones estériles, el seleccionado nacional mostró madurez y aceptó públicamente su deuda.

Bajo ese panorama, Quiñones prometió que los goles volverían. Este jueves cumplió con su palabra, demostrando que su romance con el gol en tierras mundialistas sigue más vivo que nunca y que se mantiene como una carta fuerte e inamovible para arrancar con el pie derecho el proceso de Rafael Márquez en la Selección Mexicana.

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