
Bien dicen que importa más cómo termines que cómo empieces y ahora se divisa muy lejos el inicio sorprendente del Atlante, en donde le empató al América y venció a Cruz Azul, pues con el tropiezo de este viernes por la noche con Pachuca en el estadio Banorte demostró que los Potros están en picada.
Los Tuzos llegaron con la idea de llevarse por lo menos un punto del coloso de Santa Úrsula, pero los planes le salieron mejor de lo planeado con una victoria de 3-0 que puso paños fríos al momento crítico de la temporada para su entrenador Benjamín Mora.
Mientras, del lado contrario, Miguel Herrera empieza a sentir el peso de un equipo que no invirtió demasiado en refuerzos y que con el dinero que gastaron en jugadores en los cuales no les están saliendo las cuentas.
El mítico Estadio Azteca se convirtió en una sucursal del estado de Hidalgo, ya que la escuadra de los Tuzos pisó el acelerador con la autoridad de un viejo lobo de mar que conoce el negocio de cabo a rabo.
En tan solo un suspiro de treinta y siete minutos, el cuadro visitante le pintó la cara a los azulgranas, transformando lo que se esperaba como un duelo cerrado en una auténtica cátedra de contundencia que dejó mareados a los pupilos del Piojo Herrera antes de que pudieran meter las manos.
La fiesta ajena arrancó temprano cuando el reloj apenas rascaba el minuto trece, momento en el que el venezolano Salomón Rondón acomodó el ovoide en un tiro libre y se encontró con la fortuna de su lado. Su disparo pegó directo en la barrera atlantista, sufriendo un desvío caprichoso que dejó cacheteando las moscas al guardameta Jiménez, quien vio cómo el esférico se colaba en las redes para firmar el primer revés en la frente de los locales.
Los Potros de Hierro todavía andaban buscando las sábanas para sacudirse el golpe cuando el brasileño Robert Kenedy les aplicó otra dosis de jarabe de pico al minuto diecinueve. El exjugador del Flamengo pescó un balón en los linderos del área grande y soltó un zapatazo con rencor que dejó inmóviles a los zagueros, regalando una soberbia pintura que lamentablemente le salió cara a la visita, pues el carioca sintió un pinchazo muscular de inmediato y tuvo que abandonar el terreno de juego entre algodones.
La artillería hidalguense no quitó el dedo del renglón y al minuto treinta y siete el marroquí Oussama Idrissi frotó la lámpara con una jugada de fantasía por la pradera izquierda, sacando un tiro con comba que se colgó justo en el ángulo superior para poner el tres a cero definitivo en la pizarra.
Con el mandado hecho desde la primera mitad, Pachuca se dedicó a sobrellevar las acciones en el complemento, apoyado por las oportunas intervenciones de su portero, cerrando una velada redonda que además atestiguó el debut profesional del canterano Ulises Martínez.
Un genuino producto del alto rendimiento tuzo que saboreó sus primeros minutos en el máximo circuito en una noche donde el Gigante de Santa Úrsula se pintó de azul y blanco.
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