
Con una alineación totalmente diferente a la que empató el fin de semana pasado frente a Colombia, la selección mexicana usó el duelo contra Perú como un laboratorio de experimentos, firmando una igualada 1-1 en una actuación que resultó apenas discreta sobre la cancha del estadio de Nueva Jersey.
La realidad es que el marcador final fue lo de menos porque, más allá de que Rafael Márquez sumó su segundo encuentro consecutivo sin poder conocer la victoria, el cotejo sirvió para tomar nota de quiénes serán los elegidos para saltar a la cancha el próximo sábado contra Estados Unidos en Glendale, Arizona, en el llamado Clásico del Río Bravo.
El Káiser Márquez quería ver en acción a la mayoría de sus muchachos y por esa misma razón mandó al terreno de juego un once inicial compuesto por Óscar García junto a Jeremy Márquez, Víctor Guzmán, Everardo López, Mateo Chávez, Denzell García, Obed Vargas, Álvaro Fidalgo, Orbelín Pineda, Isaías Violante y Germán Berterame.
Al final quedó claro que fue un empate donde no importaba tanto el resultado, sino la forma en la que respondieron estos jóvenes elementos que poco a poco se van ganando a pulso un sitio en el Tricolor con la firme esperanza de tener minutos el fin de semana ante Estados Unidos para seguir llenándole el ojo al nuevo timonel.
Obviamente, con tanto movimiento de piezas, el funcionamiento colectivo pasó a segundo término y el Tri mostró mucha irregularidad en la cancha, provocando que los jugadores no pudieran encontrarse con sus compañeros y terminaran intentando ganar la guerra por su propia cuenta mediante puros duelos individuales a lo largo del juego.
De esta manera, Violante quiso hacer la travesía solo por la banda derecha, pero jamás encontró el apoyo de un Jeremy Márquez que andaba más preocupado por corretear a Piero Magallanes y a Jairo Vélez, mientras en el centro de la cancha Álvaro Fidalgo y Obed Vargas se multiplicaban para que los incas no se los comieran vivos.
Por esa falta de conexión al cuadro azteca le costó hacerle daño a los sudamericanos, quienes aprovecharon un error de Jeremy Márquez cuando fue cargado por la espalda en una jugada que el silbante no quiso pitar para que Jairo Vélez enfilará con rumbo al marco y fusilara sin piedad al guardameta del León.
Ese periodicazo en la cara descontroló por completo a los mexicanos, que tardaron un buen rato en volver a tomar el hilo del partido debido a que no tenían los argumentos tácticos ni las variantes necesarias en ofensiva para poder pisar con peligro el área enemiga custodiada por el experimentado Pedro Gallese.
Para la parte complementaria, el trámite del encuentro no mostró una mejoría notable a pesar de que el banquillo azteca mandó a la cancha a hombres habilidosos como Santiago Sandoval y Hugo Camberos junto a la potencia de Santiago Giménez y el Piojo Alvarado, pero la realidad es que el rostro del Tri cambió muy poco.
Por esa falta de punch, el gol de la igualada definitiva al minuto cuarenta y nueve, anotado por Víctor el Toro Guzmán gracias a un centro con la mano de Denzell García, fue lo único rescatable de una escuadra nacional que ahora sí tendrá su prueba de fuego real en una edición más del clásico del Río Bravo.
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