
El astro argentino Lionel Messi demostró que es capaz de cambiar la historia en apenas treinta y cinco minutos de magia pura sobre el terreno de juego, aunque su monumental esfuerzo resultó estéril ante la alarmante fragilidad defensiva del Inter Miami.
La Pulga saltó desde la banca para revolucionar por completo un partido que parecía perdido frente al New York Red Bulls, transformando el Red Bull Arena en un auténtico hervidero y frotando la lámpara para poner a temblar a la armada mexicana de Cade Cowell y Jorge Ruvalcaba.
La pesadilla para las Garzas comenzó de forma temprana en la actividad de la Major League Soccer, cuando el reloj apenas dictaba las acciones del minuto seis del periodo inicial, cuando Cade Cowell desbordó con ferocidad por el carril izquierdo.
En dicha acción, lanzó un centro envenenado al corazón del área chica, provocando el desconcierto total de un Casemiro que terminó empujando la de gajos en su propia portería en un horror defensivo monumental.
El cuadro neoyorquino aprovechó el desconcierto de los de Florida para adueñarse de las acciones, tocando la puerta al minuto 17 con un balazo de Julian Hall que rozó el travesaño. La cantera de los Pumas de la UNAM también se hizo notar con el descaro de Jorge Ruvalcaba, quien estuvo a nada de colgar un golazo cruzado en la red, dejando en claro que el arsenal local estaba listo para triturar cualquier intento de resistencia rosa.
Fue al minuto 56 cuando el destino del encuentro dio un giro de ciento ochenta grados con el ingreso de Lionel Messi, desatando la locura colectiva en las tribunas del inmueble neoyorquino. Al campeón del mundo le bastó poco más de media hora para borrar el dominio de los locales.
Acciones asociándose a un toque con destellos que recordaron su mejor época en el Barcelona y generando tres opciones claras de gol que pusieron a parir cuates a la zaga enemiga, que de milagro evitaron algún desaguisado generado por el rosarino.
La presencia del rosarino cambió radicalmente la cara de un Inter Miami que andaba arrastrando la cobija, obligando a los Toros Rojos a replegar todas sus líneas y a defender su parcela con el puñal entre los dientes.
Desafortunadamente para la causa de la Florida, mientras el diez tejía jugadas de alta escuela en ataque, la zaga del técnico del equipo volvió a dar facilidades absurdas en la marca que terminaron por arruinar el heroico guion del sudamericano.
Cuando el telón del compromiso agonizaba en el tiempo de compensación, el internacional sueco Emil Forsberg capitalizó un contragolpe fulminante para liquidar el pleito al clavar el segundo y definitivo tanto.
A pesar de la dolorosa caída, Messi dejó constancia de que su jerarquía sigue intacta y que treinta y cinco minutos de su talento bastan para acariciar la gloria, obligando a su directiva a corregir con urgencia las graves pifias de la zaga baja.
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