La selección de Argentina desafió las estrictas disposiciones de la FIFA. El máximo organismo del fútbol había ordenado tanto a la Albiceleste como a Inglaterra abstenerse de realizar manifestaciones públicas sobre el conflicto por las islas Malvinas, reactivado en la narrativa tras más de cuatro décadas.

Sin embargo, los futbolistas argentinos hicieron caso omiso a la prohibición que veta mensajes de carácter político, religioso o bélico antes, durante y después de los partidos.

Al finalizar el encuentro donde Argentina se impuso 2-1 a Inglaterra para avanzar a la gran final del Mundial 2026, estalló la polémica. Los jugadores albicelestes, encabezados por Giovani Lo Celso y Nicolás Otamendi, desplegaron una pancarta con la leyenda: “Las Malvinas son argentinas”. El gesto generó de inmediato un sinfín de reacciones globales.

El fantasma de una sanción histórica

Por principio de cuentas, la Comisión Disciplinaria de la FIFA podría abrir una investigación de oficio. Este proceso derivaría en una fuerte multa económica para la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), acompañada de una advertencia severa: reincidir en actos de esta índole podría acarrear castigos en el aspecto deportivo, como la pérdida de puntos o suspensiones.

Ambas federaciones sabían perfectamente que el tema estaba bajo la lupa. Esta rivalidad ha marcado los duelos oficiales y amistosos desde el Mundial de España 1982, año en que se desató el conflicto bélico en el archipiélago, el cual se extendió por 74 días y concluyó con la rendición argentina el 14 de junio de aquel año.

La tensión en esta edición de 2026 era máxima. Apenas 24 horas antes del pitazo inicial, las autoridades de seguridad advirtieron que estaba estrictamente prohibido el ingreso al estadio de banderas, camisetas o pancartas alusivas a las Malvinas.

El antecedente de Maradona en México 1986

La carga emocional de este choque evoca inevitablemente al Mundial de México 1986. En aquella ocasión, Diego Armando Maradona transformó el partido de cuartos de final contra los ingleses en una causa personal. Su histórico doblete (el 2-1 sellado con la mítica “Mano de Dios” y el Gol del Siglo) fue dedicado por el astro argentino a los soldados caídos en combate frente a las tropas británicas.

Debido al alto riesgo del partido en este 2026, la FIFA y las autoridades de Estados Unidos endurecieron las medidas de control. Aunque se analizó separar por completo a ambas aficiones desde la venta de boletos, la logística de las entradas lo impidió.

Por ello, las autoridades de la ciudad de Atlanta, Georgia, implementaron accesos diferenciados: los hinchas argentinos ingresaron por la puerta 4 y los ingleses por la 3, confiscando en los filtros cualquier indumentaria con referencias políticas. Sin embargo, el estricto cerco falló dentro de la cancha y provino de los propios protagonistas.

Los polémicos precedentes que analiza la FIFA

El organismo internacional ya ha lidiado con crisis similares. En el Mundial de Rusia 2018, los suizos Granit Xhaka y Xherdan Shaqiri celebraron sus goles ante Serbia haciendo el gesto del águila bicéfala (símbolo de la bandera albanesa), en una clara referencia al conflicto de Kosovo. En esa ocasión, Serbia protestó y la FIFA resolvió el caso con una multa de 10,000 francos suizos para los jugadores, sin suspenderlos.

El caso de la pancarta argentina no es el único bajo investigación en este torneo. Horas antes, el director técnico de Egipto, Hossam Hassan, celebró la eliminación de Australia ingresando al campo con una bandera de Palestina para dedicar el triunfo.

Se espera que en las próximas horas la FIFA emita un comunicado oficial y determine los castigos tanto para la delegación argentina como para el estratega egipcio.

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